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Cuando Dejamos de Interferir

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Este tema surge luego de un gran aprendizaje en mi vida. El gran aprendizaje del ser humano es dejar de emitir un mínimo juicio hacia otro. Los seres humanos valoramos la vida de acuerdo a nuestra realidad, y creemos que todo el mundo gira alrededor nuestro, lo que nos hace creer tener derecho de pensar que sabemos qué es lo mejor para los demás. Las madres y los padres creen qué es lo mejor para sus hijos, una persona hacia su pareja, o incluso entre amigos.

Recuerdo que cuando una chica no nos gustaba para un amigo en particular, lo manifestábamos, creyendo que teníamos total derecho a decirlo. A nuestros ojos aquella chica podría ser posesiva, manipuladora, celosa, controladora, mandona, etc. pero por fin comprendí ¡por fin! que ha sido la persona que nuestro amigo atrajo por resonancia, porque era perfecta para su proceso evolutivo y para sanar patrones de su subconsciente.

Las personas nos relacionamos de manera kármica para que afloren cosas que están ocultas en nosotros mismos. La otra persona tan solo nos viene a mostrar lo que nosotros no  hemos podido ver por nuestra cuenta. Una vez que laboramos con nuestros patrones y tenemos un mayor conocimiento sobre nosotros mismos, llegan las personas “dharma” o “soul mates”.

Cuando los padres son controladores con los hijos, lo que están haciendo es  reproducir los patrones de sus ancestros, y ¡alguien debe parar esto! Entiendo que debe ser sumamente difícil criar hijos, mis respetos a todos los que lo hacen, pero tomemos consciencia que hoy vienen niños que precisan de procesos más cortos. Los adultos índigos como muchos de nosotros hemos tenido que pasar por procesos más largos, pero a mayor consciencia haremos que estos niños se desenvuelvan con mayor libertad para que puedan plasmar su misión de vida sin tanta interferencia y sufrimiento.

Nadie nos pertenece. Tengo una amiga que tiene tres hijas, y teniendo una conversación con el padre él le dijo “Tus hijas no son tuyas”, y claro esto fue muy chocante pero lo comprendió. Tenemos tantos patrones, tantas programaciones que nos hacen creer que las cosas son de una determinada manera, y ¡hay tanto que desaprender! Yo me casé, no tuve hijos porque no se dieron las circunstancias, me divorcié muy rápido y eso no me frustra en la vida, sin embargo hay otras cosas que sí. Me causa tanta gracia los ofrecimientos de amigos cuando me dicen “te hago un hijo, mira que ya estás en la edad límite”, cuando tener hijos es algo de mucha responsabilidad. Tengo amigas que han decidido hacerse fertilización in vitro eligiendo algunas cualidades “visibles” del ADN de los donantes, respeto totalmente esa decisión, no quiero juzgarla, pero sé las secuelas que trae en las personas la ausencia del padre, es así que esa no es una opción para mí.

Antes no tenía mucha afinidad con los niños, ahora ésta es cada vez mayor, y me doy cuenta que emana amor de mi, y tengo la certeza que llegará un momento en la humanidad en que digamos “tus hijos son mis hijos”, puesto que el amor es universal y no es necesario parir para amar, estaba reflexionando sobre esto y cómo estos paradigmas son tan arraigados, comenzando por mis propios padres y cómo sus hijos les han hecho romper tantos patrones (para eso vinimos, para romper patrones familiares y sociales). Sin embargo las nuevas generaciones requieren, precisan que las personas estén más sanas, de lo contrario estos niños sufren mucho, no comprenden nada, el mundo les parece una total locura e incongruencia, cuando ellos vienen a amar y los adultos no los dejamos con la infinidad de idioteces que tenemos en la cabeza.

Vemos tantas cosas que están saliendo a la luz, veo patrones en parejas donde se pretende ser los “salvadores”, se desea “cambiar” al otro, ¡cuando eso no es posible! Solo podemos atraer otras realidades cuando hacemos cambios en nosotros mismos, cuando sanamos herencias ancestrales de dolor, carencia, abandono, etc. Es por ello que es tan importante la soledad, para poder mirar en el profundo abismo que cada uno tiene, “quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia dentro, despierta”  como decía Carl Jung. Y es que constantemente valoramos de acuerdo a lo que vemos afuera, lo cual no está mal si tomamos responsabilidad de lo que se nos está plasmando y dejamos de sentirnos víctimas o culpamos a los demás. Lo que estamos viendo es lo que estamos atrayendo, así de simple, nos guste o no, y es un gran aprendizaje que nos obliga a pasar por el umbral del dolor, el sufrimiento es opcional, el sufrimiento se convierte en adicción al dolor y al drama.

“Me hicieron brujería”, es posible, pero es un efecto de una causa, eso no ocurre de manera aislada, si eso te ocurre, labora en ti para que la brujería no te afecte. “Me tienen envidia”, ok eso le pasa a todos, y eso no es motivo para dejar de ser y hacer ¿no? “Me atacan”, ¡y por qué le das fuerza a eso! No responsabilicemos al resto por nuestros fracasos, cada uno es responsable de lo que está creando y recordemos que hay situaciones terribles que estamos viendo, y la ley de la causa-efecto es inminente, cosechamos lo que sembramos, y eso lo podemos reparar cuando tomamos consciencia. Sanar nuestro linaje es imprescindible, respondemos a ciertas situaciones de manera determinada porque era nuestra consciencia en el momento, por eso hay que liberarse de culpas, el perdón es con uno mismo para dejar de lado las mochilas que tanto nos pesan.

¿Por qué permitimos abusos en nuestras vidas? ¿Por qué atraemos un determinado tipo de persona o situación? ¿Por qué no permitimos que se escuche nuestra voz? ¿Porque tenemos mala suerte? ¡No es así!, es tiempo de empoderarnos. Por favor basta de culpar a los padres, hermanos, amigos, a la mascota, a la vida, y hagamos que las cosas sucedan con consciencia. Los patrones se repiten únicamente cuando no se ha aprendido la lección. ¿Qué lección has aprendido hoy?

Soltemos, liberémonos de aquellos aspectos que no salieron como nosotros quisimos, agradezcamos la enseñanza, por más que ésta nos generó dolor. No podremos recibir nada sino soltamos, abramos la puerta a lo nuevo, y si en este camino lastimamos a otros, hay que perdonarnos y dejar de culparnos, porque aquel ser ya no es lo que hoy somos, y eso hay que demostrarlo al Universo para recibir las bendiciones. Así es.

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El Camino de la Liberación

caminolagoEscribo este artículo a pocas horas de un eclipse lunar sin precedentes, con luna roja y todo.  Ya estoy en casa tirada en mi cama, pensando en los últimos acontecimientos de mi vida y evoco el último viaje que hice a Bolivia, específicamente a la Isla de la Luna, Isla del Sol y Tiahuanaco.

Para quien no lo sepa, ir al Lago Titicaca es enfrentar el poder removedor de nuestras aguas que este lago tiene, es decir, nuestras emociones. A esto se le suma la energía de este eclipse cuyo apogeo será entre el 27 y 28 de septiembre dependiendo del lugar en el planeta. Para quien vaya al lago Titicaca, debe saber que no es poca cosa y  no debe tomarse a la ligera. A un turista cualquiera se le dirá que tenga cuidado con el soroche o mal de altura, pero es mucho más que eso. Lo que realmente sucede en una persona va a depender de cómo ha ido laborando en su propio campo, y digo campo porque quiero incluir a todos los cuerpos; el físico, emocional, mental, áurico, etc. Es así que a muchos les dará un gran dolor de cabeza, diarrea, lo que implica una gran depuración física, a otros les darán vaivenes emocionales dignos de telenovelas, también se pone a prueba la voluntad y el autocontrol mental, ya que pueden emerger esos demonios internos que comienzan a atacarnos a través de los pensamientos, etc. Cada persona tendrá lo que le corresponda.

Fue ya la cuarta vez que voy al Lago Titicaca y tengo la satisfacción de decir que es la primera vez que no me dio soroche, una prueba de que los cambios que he hecho en mi vida han dado sus frutos: dejar el alcohol, hacer algo de ejercicio, la meditación, la alimentación vegetariana, etc. Todas las personas que van al Titicaca deben evitar ingerir carnes ya que la velocidad vibratoria y el prana son mucho mayores, por lo que uno puede ayunar tranquilamente por unos días alimentándose únicamente de prana para purificar el interior. Cuando la velocidad vibratoria, que se mide en hertzios es mucho mayor a la vibración del cuerpo, éste entra en crisis de todo tipo, y se dan aquellas manifestaciones físicas, emocionales, etc., que lo que buscan es depurarse para estar más livianos. Si no me creen, experiméntenlo, pero no digan que no se los dije.

Las crisis por las que están atravesando las personas son justamente porque no se han liberado de la vieja energía y la velocidad es menor a la velocidad del planeta, lo que genera sufrimiento, dolor, crisis, angustia, etc. Es por ello que es totalmente apremiante ocuparse en elevar la velocidad vibratoria alejándose de situaciones que no contribuyan a esto, inclusive alejándose de personas aunque suene un acto egoísta. O nos adaptamos o nos volvemos locos, no hay otra, y es lo que percibo y veo tanta gente pasando por diversas situaciones en las que yo misma me he visto envuelta, con la diferencia que estoy en constante autoobservación, tratando de aprender y trascender todo lo que el Universo me presenta, que son situaciones removedoras, muchas veces no gratas, pero con el único propósito de hacerme más ligera. Y esto no sucede porque yo sea especial, es un regalo a toda la humanidad, la diferencia radica en que uno lo puede tomar como castigo, mala suerte, victimización, o una oportunidad para transcenderlo.

Decidimos realizar un peregrinaje a 4 mil metros de altura en la Isla del Sol. Un recorrido que se prolongó 4 horas en mi caso, desde la parte norte hacia el sur. Durante el camino vinieron muchísimos pensamientos y afloraron muchas emociones. El camino debía hacerse en soledad, con plena consciencia de todo lo que acontecía, una meditación en movimiento. El paisaje era realmente hermoso. Este viaje fue casi sin itinerarios, nos permitimos fluir con los cambios que se presentaban, con las coyunturas sin dramas. Fue un viaje interior, que nos mostraba todo aquello que debíamos soltar de manera externa, como la vida misma. Para ello hay que recordar la Ley de la Correspondencia “Como es arriba es abajo, como es adentro, es afuera”. Una ley que hay que recordar para dejar de ser víctimas, tomar consciencia en que si yo paso por una situación, las respuestas están en mi interior para poder verlo manifestado en mi exterior, y  no es nada fácil especialmente si tenemos patrones tan arraigados.

Hace ya un buen tiempo que quiero cambiar un patrón repetitivo en mi vida, que es me importe un pepino lo que diga la gente acerca de mi, y en contraparte, dejar de definir a las personas por lo que pienso que son de acuerdo a mis patrones y sistemas de creencias, menuda tarea, pero ¡ya es hora! Entonces el universo se puso en marcha.

En mi caminata comenzó la lucha interna y voy a compartir, para comenzar, uno de los diálogos que tuve en el camino. ¿Por qué la gente me juzga porque me ve tan seria? Hay personas que me han dicho que soy infeliz. ¿Qué saben ellos acerca de mi vida? ¿Por qué no se preocupan y ocupan de sus asuntos? Y entonces comencé a obtener respuestas, una conversación si se puede decir, no puedo precisar si fue un ángel o un demonio, me da exactamente lo mismo, así que lo llamaré “El Viento”, ya que en mi caminata se juntaban los vientos de las cuatro direcciones.

– El Viento: La pregunta que debes hacerte es por qué te afecta. Si estás segura de lo que eres, por qué te molesta. Mientras te afecte, esas situaciones seguirán en tu vida y el universo amorosamente se encargará de presentártelas.

– Yo: Amorosamente…

– El Viento: Amor inconmensurable, nunca lo dudes

– Yo: No puedo evitar que me moleste que las personas que ni si quiera me conocen, aseguren como soy.

– El Viento: Las personas simplemente proyectan lo que está dentro de sí mismas, de acuerdo a todo lo aprendido en su vida y a los patrones que cargan de sus ancestros, todo está en sus códigos. Allí afloran sus miedos, su manera de ver del mundo que está construido de acuerdo a sus experiencias y sistemas, y asumen que la otra persona responde a esos mismos sistemas. Tú haces lo mismo.

– Yo: Es verdad, estoy tomando consciencia de eso. Nos volvemos muy deductivos, pero todo en base a nuestra propia realidad.

– El Viento: Así es, y cuando te liberes de esos juicios, a ti tampoco se te presentarán esas situaciones.

– Yo: No se por qué se ha venido a mi mente un chico que no me acuerdo su nombre, yo tenía unos 14 años e iba a estudiar inglés saliendo del colegio con uniforme. Admiraba mucho a ese chico por la alegría que demostraba, era el alma del salón, yo quería ser como él. El me hacía bromas y me preguntaba por qué andaba siempre tan seria, yo le decía que no era porque estuviera molesta sino que por alguna razón mi cara es así, cosa que aún me sucede. Pues bien, un día fui a mi clase y me enteré por mis compañeros que este muchacho se suicidó por depresión. ¡Qué Shock! Fue demasiado sorprendente, y hace poco supimos del caso de Robin Williams, un gran actor con una hermosa sonrisa y con ganas de hacer sentir bien a los demás, y sin embargo, se suicidó por depresión. Son cosas que no entiendo…

– El Viento: Porque hiciste tu propia historia de acuerdo a tus parámetros, sin saber realmente lo que vivieron y sintieron esas personas…

– Yo: Y claro, muchas personas aparecen como “salvadoras”, queriendo que tu cambies y la verdad que nadie puede pretender cambiar a los demás.

– El Viento: Exacto, ¿y te has visto en la situación de querer cambiar a otros?

– Yo: Si. De eso quiero liberarme, he comprendido que cada persona es como es, pisa sus propios charcos. No los aceptamos como son, queremos que sean como nosotros queremos. Es verdad, no hay derecho. Además que no podemos hacer a los demás lo que no queremos que hagan con nosotros mismos. Realmente me molesta cuando hablan de mi forma de ser, de que si me visto de tal o cual manera, de mi pelo, de que si estoy subida de peso, etc., realmente qué molesto. Y claro, uno se cree que puede “ayudar” a otros metiéndose en la vida ajena en vez de ocuparse en la propia vida.

– El Viento: Si una persona pide tu ayuda, adelante, pero si esa persona está bien como es, independientemente de cómo creas tu que está, entonces acéptala tal cual es.

– Yo: Así será.

– El Viento: Y si te ves envuelta en una situación donde te sientes juzgada, deberás aprender a responder a través del sonido y velocidad perfectos para esa persona, donde ni ella se sienta agredida ni tú te sientas como si tuvieras que defenderte. Cuando logres eso, realmente te habrás integrado al todo. Todo tiene su velocidad, su sonido, luz y forma, y tienes la capacidad de adaptarte a todo porque eres a imagen y semejanza del creador. Cuando logres eso, habrás alcanzado la libertad. Que todo lo externo sea una guía para tu interior. Así es.

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