Archivo mensual: mayo 2016

En la Cima de una Montaña

montaña

Este mes de mayo subí el cerro Uritorco en Capilla del Monte, Córdoba, Argentina. Fue una experiencia realmente espectacular, cuatro horas de subida y tres de bajada, 5548 metros desde la base, nada mal para alguien que no es deportista como yo. Nunca pensé que me iba a gustar tanto subir una montaña, hoy adoro hacerlo y me estoy proyectando para la siguiente.

Todo comenzó cuando subí al Huayna Picchu en el año 2011. Ni en sueños pensaba hacerlo de no ser porque me hice amiga de una chica japonesa que con tanto entusiasmo me convenció de hacerlo ¡y se lo agradezco tanto!, si bien tenía menos edad, en ese año tomaba alcohol y el físico no andaba bien, aún así logré mi propósito.

Este mes coronó el Everest la primera mujer peruana, claro, no pretendo hacer comparaciones ya que estamos hablando de otra cosa, pero antes no entendía el afán de ciertos locos de querer subir a la montaña, para mi no tenía el menor sentido hasta que lo experimenté.

Recordemos que grandes acontecimientos ocurrieron en la cima de una montaña, donde Moisés recibió la Torah y luego los 10 mandamientos, otro ejemplo cuando se da la transfiguración de Jesús en un monte.

Subir una montaña es trascendental tanto a nivel físico, emocional, mental y espiritual. A nivel físico claro está el ejercicio que uno hace y las calorías que se pierden. Sudar hace que uno bote gran cantidad de toxinas, lo que es una muy buena desintoxicación a través del sudor. Así como se pierden kilos también uno descarga emociones, es decir, las vamos dejando en el camino. Sin duda uno goza del paisaje y la naturaleza, del aire puro, pero también entran a tallar las emociones al sentir el cansancio físico y si vamos a ser capaces de llegar a la cima. En mi caso, he dado más de lo que mi cuerpo físico podía dar, sin embargo he llegado a la meta en base a pura perseverancia y voluntad y la satisfacción que uno logra no tiene precio.

Cuando uno ya tiene horas caminando, en el trayecto la bulla mental comienza a disminuir, es allí cuando damos paso a nuestra voz interior, que comienza a hablarnos de manera más clara. Siempre nos habla, la diferencia que casi nadie lo escucha debido a la bulla mental. Es un excelente momento para tener diálogos con la naturaleza, con los elementales, con la Madre, con los Apus, con el padre, y en mi caso hasta con un pájaro guardián que realmente me conversaba dándome indicaciones.

Cuando uno sube una montaña, se conecta con los elementales de la Tierra y con los elementales internos, que como ya mencioné, se “remueven” para que podamos soltar y volver a equilibrarnos.

El Uritorco es realmente mágico y cuenta la leyenda que el Caballero Pércival dejó el santo grial, ya sabemos que no es algo físico pero tengo la certeza de que sí estuvo por la simbología templaria que encontré en el camino. Es un cerro masculino así que me conecté con la energía masculina que me encanta al igual que la femenina, pero en este caso me fascina llevar al límite mi voluntad alineada con la fuerza de Dios, uno se da cuenta que todo es posible cuando nos encomendamos al padre, por lo que es una excelente oportunidad para que alguien deje sus adicciones en la cima.

Uritorco es uno de los puntos donde se ubica la ciudad intraterrena de Erks, por eso hay muchísimos avistamientos, además de la presencia de la Hermandad Blanca. Es un sitio mágico, no tengo palabras para describirlo, es un lugar que ya está en otra dimensión, en otra velocidad, por eso tanta magia, por eso me sentía como personaje  de cuentos de hadas capaz de hablar con las aves. Volviendo al tema, subir un cerro es un peregrinaje espiritual, que no tiene que ser sacrificado sino aprende a gozar en el camino como de la propia vida, así debe ser. La meta es importante, pero estar proyectados a la meta lo único que genera es ansiedad y cansancio, es por ello que ante todo lo importante es el camino, paso a paso, y la meta es solo la cumbre de algo que uno debe disfrutar en todo momento, de lo contrario no hay que hacerlo.

Cuando llegué a la cima del Uritorco toda sudada, me eché a llorar, era un llanto emocionante, de descarga, de bendición, allí en un lugar rodeada de otros Apus interactuando con los hermanos mayores, y donde se reciben las respuestas trascendentales de nuestras vidas. Llegar a la cima de un monte, es un puente entre la Tierra y el Cielo.  Mi conexión con mi vida templaria fue más contundente que nunca, mi sagrado masculino que honro. Todo el camino iniciático templario en la subida de un cerro, donde la determinación, la devoción, la guerras internas, los miedos, todo es enfrentado, para finalmente poner tu propia bandera de paz.

 

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Ser Fiel a Uno Mismo

Lamento no haber escrito en las últimas semanas, estuve de viaje y retiro interior.

manosEl tema que quiero hablar es acerca de la fidelidad hacia uno mismo y cómo por ley de la correspondencia, vibración y de causalidad obtenemos exactamente lo que estamos proyectando.

En algún momento de mi vida sufrí una infidelidad del que fue mi esposo. En aquel momento, obvio está, uno asume el papel de víctima y se lamenta de la mala suerte que uno puede tener, pero ya con mayor consciencia sabemos que no hay mala suerte alguna.

Cuando uno sufre una infidelidad de una persona, es porque no se está siendo fiel a uno mismo, y es lo que recibimos por causa-efecto. ¿por qué entonces no era fiel a mi misma? Porque el matrimonio para mí era algo aprendido, pensaba como muchas mujeres siguen pensando hasta hoy que se tienen que casar a cierta edad, de hecho me casé a los 27 años muy “apurada” pensando que se me iba el tren. La persona con la que estaba era un buen tipo y me quería bastante, sin embargo, mi afecto era más que nada filial, de amigo, un amor de compañero, más allá de una pareja, sinceramente no tenía idea de lo que era el amor de pareja.

Esta situación sin duda genera mucha infelicidad, ya que no podía corresponder espontáneamente a un verdadero amor de pareja, y hoy comparto lo que plantea Walter Risso, que se divide en Eros (deseo), filia (amistad, compañerismo) y Ágape (Amor incondicional). Yo no tenía problemas con los dos últimos, podía ser una buena amiga, muy leal, incluso adoptaba posturas más bien maternales, guiando el camino como si fuera mi hijo, y muy en el fondo, a pesar de tener el control de la situación, esto no me gustaba nada, no estaba siendo fiel a mi misma.

No puedo lamentarme al respecto ya que aquellas situaciones fueron para mí aperturadoras de consciencia. Tanto la persona que no ama como la que no se siente amada son igual de infelices, pero la fuerza del sistema de creencia de aquel entonces, donde el matrimonio era para siempre, era muy fuerte, y lo más fácil para el ser humano es el autoengaño, convencerse que las cosas están bien, que eres afortunada por tener a alguien que te ame, es allí cuando las adicciones pueden acentuarse, ya que “ayudan” a sedar el dolor que uno no quiere ver.

Cuando finalmente me enteré de la infidelidad me sentía perdida ya que todo un sistema cayó cual edificio derrumbado, era volver a empezar: siete años de relación incluyendo dos años de matrimonio, ya por cumplir treinta años y sintiéndome totalmente vieja.  El gran acierto que tuve fue que sabía que requería ayuda, así que busqué una psicóloga y también me dediqué a hacer cosas que nunca hice en mis veintes. Esta etapa duró hasta los 33 años donde ya tomé mayor consciencia y comencé en el rumbo espiritual, a encontrar las respuestas dentro de mí y ya no tanto fuera, donde me preocupaba en bajar de peso, en ir a bares y sentirme bonita.

Aquel patrón donde atraía a personas emocionalmente dependientes a las cuales debía solucionarles su vida continuó. Como siempre, buenas personas que me querían y el autoengaño, la diferencia estuvo en que supe parar ambas relaciones, una después de dos años y la otra casi igual. Desde aquel momento me dije a mi misma que iba a estar sola un buen tiempo porque dicho patrón ya no debía manifestarse, que si eso sucede es porque yo lo estoy atrayendo, no se trata de la mala suerte. Y en mi camino espiritual opté por el celibato, el cual no quería experimentar y rechacé la idea que me planteaba mi voz interior, es decir Ares (representado por mi ego) y Morlah (mi ser superior) otra vez en conflicto, y es que puede sonar totalmente pastrulo hacer eso, pero luego de tres años de celibato, entiendo el propósito, no quiero entrar en detalles espirituales porque esta es una elección personal y no pretendo que nadie la siga, a mi me funciona para mi misión de vida. Por supuesto que no será para siempre, y el día que decida romperlo seré 100% fiel a mi misma.

En mi ejemplo hay un caso de autoengaño, de arraigo a un viejo sistema de creencia que me hacía permanecer en una relación donde no era plena a pesar de tener a buenos compañeros, pero eso no es suficiente y no es egoísmo. Hay otros casos de otro tipo que es a la inversa, donde la mujer se desvive por el hombre, intentando complacerlo en todo a costa suya, practicando una falso concepto de sacrificio que muchos tienen implantados, esto se conoce como “Complejo de Wendy”, donde mujeres u hombres están con una pareja “Peter Pan” que se niega a madurar, de hecho al asumir posiciones maternales también caí en ello. El hecho es que una pareja no es un hijo y no solo es un amigo, también es un amante y aprendí que la parte sexual es sumamente importante y el placer no está negado a las personas espirituales. Pero involucrarse únicamente ante una compatibilidad sexual tampoco es suficiente (también lo experimenté), eso es lo más básico. Así que les recomiendo leer a Walter Riso que escribe al respecto.

Eros, filia y Ágape, no hay otra. Ser fieles a nosotros mismos para que el mundo no nos muestre una infidelidad externa. Ser celosos, posesivos, manipuladores, etc., no es ser fiel a uno mismo, porque no creemos en nosotros. Una pareja madura y consciente, deja volar a la otra, se apoya mutuamente, hay mutuo deseo y no se busca por necesidad o para cubrir vacíos. Ser fiel a uno mismo implica amarse tal cual uno es y no buscar en el otro lo que no puedo aceptar en mí. Ser uno mismo sin seguir a otros referentes es lo que amplía nuestro campo electromagnético. Somos únicos, así que no tenemos que seguir ni imitar a nadie.

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